dimanche 29 juin 2014

Es Historia


A los quince años, estaba yo igual de enamorado de la Selección Colombia del Pibe Valderrama, Faustino Asprilla y Freddy Rincón como cualquier otro hincha colombiano podía estarlo. El mundo loaba a un equipo que clasificó al Mundial USA '94 entre los aplausos monumentales de Diego Armando Maradona y el asombro de la afición argentina (ver aquí la "emotiva" narración de los comentaristas argentinos de la época). La alegría y el folklore cobraron vida en un país minado de odios rancios y luchas perpetuas.

Pelé dijo de aquella Selección que era su favorita para ganar el Campeonato del Mundo USA '94 y todos le creímos. Sobre todo, se creyeron campeones nuestros jugadores, quienes ahora, 20 años después, han relatado la manera triunfalista y poco profesional con la que se prepararon para afrontar la cita mundialista. George Hagi se encargó de empezar a demostrarnos que el papel aguanta todo y que un Mundial hay que jugarlo para ganarlo porque allí, como dicen en el caribe, los grandes "no comen de nada". Una Selección Colombia inmadura salió por la puerta de atrás del torneo y a toda una generación se nos rompió el corazón de manera abrupta, y luego ensangrentada en una noche infausta de Medellín en la que asesinaron a Andrés Escobar; crimen que aún arde hiriente en nuestra memoria.

En mi caso, la tristeza de aquel revés transformó el amor por la selección en desconfianza y profundo escepticismo. Sentimientos que se fortalecieron con el mediocre desempeño en Francia '98. Por ejemplo, Colombia 1 - Túnez 0 fue un típico partido de fútbol de patio en el cual se erraron incontables oportunidades de gol por parte de ambos equipos; para ponerlo en términos de los anfitriones de aquel torneo, Colombia y Túnez jugaron al "n'importe quoi!". Colombia era una selección cuyos jugadores ya no tenían la capacidad futbolística de USA '94 y cuyas virtudes mayores eran: jugar a la bolita; i.e. pasarse el balón incontables veces y siempre hacia los lados, de modo que al cabo de unos 20 pases se avanzan entre 10 a 15 m (laterales); errar goles una y otra vez, y tener un gran portero (Faryd Camilo Mondragón). Y así se marcó el rumbo de las selecciones Colombia de finales del siglo XX y principios del XXI. Tuvimos durante esos años a algunos de los mejores defensores del mundo y también al llamado "mejor jugador de fútbol del mundo sin balón."

En contraste, la Selección Colombia de este Mundial Brasil 2014 cristaliza las esperanzas de toda una nación. Son jóvenes llenos de sueños como James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina, Jackson Martínez, Pablo Armero, Camilo Zúñiga, Abel Aguilar, Carlos Sánchez... junto a veteranos también soñadores como Mario Alberto Yepes y Faryd Mondragón y dirigidos de manera brillante por, cosas hermosas del destino, un argentino: José Pékerman, los que hoy nos demuestran a todos que la disciplina, el profesionalismo y la humildad son complemento ideal de la vivacidad, la alegría y el talento. El paradigma del fútbol nacional cambia ahora totalmente. Ya no se sueña con asistir a la cita mundialista, ahora se sueña con levantar el trofeo mayor del fútbol mundial. Ayer, 28 de Junio de 2014, la historia de tristezas y derrotas anteriores fue, finalmente, dejada atrás y mi desconfianza recibió su Maracanazo. Mi confianza en la Selección Colombia reverdece de nuevo entre las cenizas de un pasado que comienzan a ser arrastradas con acordes de tiples, requintos, guitarras, arpas, quijadas de burro, guacharacas, pitos atravesa'os, acordeones, gaitas y tamboras que traen aires de carranga, joropo, mapalé, cumbia, porro y vallenato que soplan como un vendaval desatado en tierras de samba.
En twitter: @vigabalme


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