mercredi 4 janvier 2012

El agallúo muere pelúo


Siguiendo el consejo de un autor o profesor, o en fin de alguien que sabe más que yo, decidí levantarme para escribir este texto como la entrada inaugural de "El Burro Hablando de Orejas". Sí, decidí abrir un blog ¡Qué original!, pero bueno, aquí estoy, 6h27min y con ganas de escribir sobre el sueño que acabo de tener. 
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El Sueño

Soñé que viajaba en un cómodo bus desde Bélgica hasta Riohacha junto a Fredda (Fredda es la muchacha que canta muy bien y cuyo video: "si te vas", recomendé en facebook anoche). De acuerdo a los rasgos del bus parecía un "Preferencial de Copetran". ¡Noten la precisión de la descripción! Pero antes de que se escandalizen a causa de ello, recuerden que los sueños son así: intemporales, perdidos entre latitudes extrañas y asociados a las vivencias del día anterior.

Entonces decía que iba viajando con Fredda, cuando el bus hizo una parada en un pueblo llamado Cañandonga. No encontré tal municipio en la lista del Banco de la República . Admito que creí que lo encontraría, al fin y al cabo están; Cañasgordas, Chigorodó, Tiquisio (Puerto Rico), Barranco de Loba...

Cañandonga es un pueblo típico. Tiene casas de techo de zinc y de Eternit. Tiene calles destapadas, erosionadas por las lluvias; y que por tanto le sacan sus dientes de piedras chinas a todo el que pasa. Tiene una calle principal que sirve, a su vez, para partirlo en dos y para que transiten los Copetran Preferencial. Las casas están apiñadas entre lomas y permanecen con las puertas abiertas.

Como suele ocurrir en los sueños, cuando el bus paró en Cañandonga, Fredda y yo aparecimos frente a una tienda, preguntando no sé qué y luego bajando por la calle que daba a la calle principal (para abreviar la principal). Teníamos hambre y yo tomé la iniciativa de ir a comprar una apetitosa arepa de queso asada, en uno de los n* negocios al lado de la principal. Todos ellos vendían arepas de queso asada...., ¡casualmente!.

Me decidí por comprarle a una señora. A la hora de pagar, y sabiendo las costumbres de mi tierra, en vez de preguntar el precio, decidí pagarle a la señora con un billete que sabía que cubría el precio de la arepa. Para ser más precisos, fue un billete de 2.000 pesos. La señora me dice: "son 800" y me da 200 pesos de vuelto. Eran unas monedas extrañas, mezcla de euro con pesos y monedas de recuerdo que venden en las catedrales (como dije antes, ¡cosas de los sueños!). En todo caso, todos los participantes del sueño sabíamos que eran  200 pesos y no hubo problema por eso. Le dije a la señora: --¿Por qué me da 200 si son 1.200? Ella entonces se ríe y me da un billete de 1.000 que le pide prestado a uno de sus vecinos competidores en el prospero negocio de las arepas. Cuando me lo da, me dice: "vea que está bien limpio, pues el compa'e lava los billetes todos los días". En ese momento recordé, dentro del sueño, aquella campaña contra el maltrato a los billetes (video aquí) pues le cuestan al país "más de 6.000 millones de pesos díarios". 

Fue así que me vi sermoneando a la señora de las arepas sobre el respeto a los billetes. No sé cómo, pero terminé diciéndole a la señora que yo sabía que me estaba cobrando la arepa a un precio mayor al que cobra normalmente. De pronto apareció Adolfo Redondo y nos saludamos efusivos...¡Es un sueño, esas cosas pasan! Así como apareció mi viejo compañero de partidos de Softball, se fue entre el sol de Cañandonga. Yo bajé, remilgando, a encontrarme con Fredda frente a un garaje donde se supone abordaríamos de nuevo el bus.

Le conté sobre el incidente arepístico y sobre mis encendidas reflexiones sobre la costumbre de nuestros comerciantes de cobrarle a los viajeros más del precio normal por sus productos. En medio de ello, apareció otra señora, habitante de Cañandonga, que intervino, casualmente, en la conversación. La señora me preguntó cuánto me habían cobrado por la arepa, y se echó a reír cuando le dije que 800. "¡Las arepas son a 400 mijo!"
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Decidí escribir sobre este sueño, porque la costumbre de cobrar de más a todo aquel que tenga aire forastero o distraído hace parte de aquella cultura de la papaya partida; desafortunadamente, muy arraigada en nuestro país. 

A mi parecer, es una manera de ver las cosas que explica muchas de nuestras desventuras sociales. En esencia, puede verse como el imperativo de coger todo lo que pueda antes que el otro venga y se lo coja para él. Estamos tan acostumbrados a ver el mundo así que nos parece bien que el vivo viva del bobo, que "marica el último", que mejor tú que yo, que el político robe, pero que haga obras. Este hábito está tan impregnado en la rutina de nuestra sociedad que se ha convertido casi en un reflejo inconsciente. 

Sabemos que Colombia es uno de los países con mayor inequidad en la distribución de riqueza (El Espectador ) y que un gran porcentaje de la población vive del empleo informal (es decir, sin ningún tipo de garantía social: salud, pensión). Este empleo informal se resume en una situación en la que el día que no se vende lo suficiente no habrá para comer al día siguiente. Es el caso de muchas personas como; la señora de las arepas en el sueño o los vendedores de chicharrones en el Carmen de Bolívar o los vendedores de diabolines en Ciénaga, Magdalena, que a pesar de inflar sus precios tienen bastante complicado el llegar a hacer parte de la lista de los más ricos publicada por a revista Forbes. ¡Lo digo por experiencia propia!, ¿o porqué creen que le puse al blog: "El Burro Hablando de Orejas"?
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*n es una forma de decir muchos y tiene su origen en los cursos de cálculo de la universidad. En ese ámbito, designa un valor arbitrario que pueden tomar los términos de una serie matemática









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